martes, 26 de noviembre de 2013

La actitud del niño mimado, y la acción como actitud vital.

"No es lo importante el ser; su donación es lo que le colma"
En estos términos habla María Zambrano de sus tan venerados poetas. ¿Acaso no es esto una atrocidad? No porque se obvie el fin, el ser es inalcanzable, sino porque también se obvia el camino. ¿No es la verdadera actitud vital, la eubios, la acción, el determinar el camino, el recorrerlo, el avanzar, el posicionarse, en definitiva, el hacerlo tú mismo. 
Zambrano criticará esto considerando que así el filósofo (aquel al que le atribuye este manera de actuar) se aleja de las cosas mismas, al buscar el ser, que juzga no está presente en aquellos, y de los demás seres, pues no espera con ellos, sino que se aleja de los demás individuos, elige por sí mismo marchar a buscar el ser, se decide a alcanzar su propia identidad, su sí mismo. El filósofo marca, pues, una hoja de ruta hacia el ser, que no está en las cosas ya dadas, y una hoja de ruta para sí mismo, sólo realizable mediante la acción. El filósofo se constituye como tal al actuar. Es, por tanto, un ser ascético y exclusivo. Y ahora, me pregunto: ¿se reduce esta actitud vital al filósofo?
Si se recuerda lo expuesto por mí en otros escritos, el individuo no es nada, es un querer ser permanente, un ser que vive en la utopía de sí mismo. Se asienta en el pasado, es cierto, pero siempre con la vista puesta totalmente en el futuro, en lo que debe ser, en lo que quiere ser. Y si esto es así, ¿no sería la eubios que yo mencionaba la actitud del filósofo?
Poeta es pues, a mi modo de ver a partir de la caracterización zambraniana, un ser despreciable. Hace de la pasividad, de la inacción y de la espera el eje de su vida. Se maravilla ante las cosas dadas, y quedase ahí, sin buscar qué son esas cosas que le han maravillado, sin actuar con ellas, sin buscar de nuevo un maravillarse. Sólo espera. Poeta es aquel que vive en el pasado, pues no mira al futuro, al querer ser, no quiere ser nada. 
Se me podría alegar que la actitud del filósofo (tan vanagloriada por mí) también supone la vida en el pasado. Es cierto, pero existe una diferencia ligera, pero a su vez vitalísima: el filósofo se busca, se crea a sí en su hacer mismo, no espera que nadie le haga, no espera que todo se lo den. Es un individuo maduro este, consciente, y deseoso de ser algo, de que todo lo que sea dependerá en última instancia de sí (no hay que olvidar que lo que somos no se reduce sólo a lo que hacemos, pero sí es ésta la parte más importante). Es el poeta zambraniano el más vivo representante de esa estirpe de ser tan despreciable: el niño mimado. El poeta es aquel hijo que todo lo espera de su padre, que espera recibir la totalidad del padre amado, pero que no busca eso que de verdad, y con tan ahínco, desea. Poeta es así, a la vez, el mínimo esfuerzo hecho carne, y a la vez, esclavo de esa misma pasividad, y esclavo del padre (la totalidad).
Quizás en la raíz misma de esta crítica de Zambrano al filósofo se encuentre un desprecio al carácter exclusivo, elitista de la academia. Pero el llevarla tan lejos considerolo un error.
El propio maravillarse ante la belleza de las cosas, el propio amor hacia el todo, que se reconoce en el poeta, es activo, nunca pasivo. Amar mueve mundos, pues el amar supone un acercamiento hacia lo amado, una progresiva unidad y convivencia entre lo amado y el amante. El amor platónico, sin acción, no tiene sentido. Es una derivación de la actitud del niño mimado. El amor se demuestra cada día, y así, el poeta no es nunca un ser pasivo. Ama a la totalidad, todo lo ama, y lo demuestra en el día a día, buscando aquello que ama, y en esa búsqueda también se separa de las cosas dadas (Toda palabra, que dice María Zambrano, implica ya un alejamiento). Poeta y filósofo se caracterizan por la acción, el uno la acción del amante hacia el amado, el otro la acción del curioso hacia la cosa que crea esa curiosidad.
A pesar de mis patadas contra la obra Filosofía y Poesía de la gran filósofa malagueña no puedo rehuir de su caracterización: poeta y filósofo son irreconciliables, y el uno concibe al otro como inferior, y viceversa. De acuerdo a esto, mi punto de vista se identifica con uno de ellos, y por ello critico al otro extremo.




Fabián Portillo a 27 de noviembre de 2013.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Sobre los términos Mercado, Espectáculo y Galería de Arte en Félix de Azúa.

Hablando a grandes rasgos, el hilo conductor que une a estas tres entradas sería la siguiente: en la entrada Mercado se describiría el moto que hace que cualquier cosa (incluso la basura, esto es, objetos de mala calidad) sea oro, algo que se pueda vender.En nuestro caso nos interesa el caso de que la basura sea arte. A este fenómeno se la llamaría Espectáculo y en dicha entrada hará hincapié en ese concepto, pese a que en el fondo estaremos hablando de lo mismo que en Mercado. En la entrada Galería de Arte aparecería el fenómeno del Espectáculo aplicado en el mundo de arte ( dicho fenómeno se da en todos los ámbitos de la sociedad, no solo en el mundo del arte).

El mercado es hoy en día lo único en nuestra sociedad que determina el valor artístico de una obra.La diferencia de las antiguas formas de valoración artística es que el mercado no responde al arte, sino al hecho de que la obra se pueda vender (se pueda convertir en oro) o no. Si se puede convertir en oro, es una gran obra de arte y si es por un gran precio, es  mejor que otra obra de arte más barata. En resumidas cuentas, el precio es lo único que fija el valor artístico de una obra.

Es diferente a otras épocas puesto que se utilizaba el criterio para determinar el valor artístico, siendo este valor sopesado por artístas o expertos, gente familiarizada con el arte.Podríamos decir que antes el valor artístico de la obra de arte se determinaba en la propia obra de arte y en cambio hoy en día se determina fuera de la propia obra de arte, en el que se pueda vender o no. Lo importante es que un objeto se pueda vender y si para que se venda tiene que ser llamado arte, el mercado lo llamará arte y si el mercado lo llama arte, es arte. Este último fenómeno (lo que el mercado presenta es bueno, verdadero y necesario) se llama espectáculo, lo retomaré un poco más adelante.

Cualquier cosa que se oponga al mercado será eliminado por los dispositivos de poder ( principalmente, pienso en los medios de comunicación que dictan cómo es la realidad tal y como quiere el poder y si en los medios no aparece nadie que se oponga a la sociedad, significa que no hay nadie que se oponga a la sociedad  ) del mercado. Se podría decir que el mércado es malvado, pero no es así. Está más allá del mal y el bien, su poder es que no persigue absolutamente nada ( es nihilismo puro ) y por inercia destruye cualquier otro poder. El mercado desintegró los sistemas feudales, cosa que podríamos considerar bueno pero también esta desintegrando lo humano, diciendo lo que es y lo que no es humano, cosa que podríamos decir que es malo. Pero como he dicho, no es ni uno ni lo otro, ha disuelto los sistemas feudales y lo humano por la misma causa, totalmente ajeno a la ética, que es su propia inercia de no perseguir nada y esa inercia destruye todo poder que se le oponga.

Este nihilismo que nos envuelve es responsable de que a nadie le importe lo que represente el arte a diferencia de antes donde el arte respondía a unos valores y una visión del cosmos coherente.El conocimiento ayudaba a saber si lo que teníamos delante era arte o no ( si respondía a x valores o no). Hoy en día en cambio el conocimiento puede impedir que el mercado pueda convertir la basura en oro y por eso mismo el mercado destruye el conocimiento.

En ese proceso de convertir en oro lo que se le antoje al mercado se produce el espectáculo, aplicado en el mundo de arte sería vender basura como si fuera arte ( como si fuera oro ).Dicho de otra forma, el espectáculo se produce cuando es tomado un objeto (o concepto) y se transforma para que sirvan a los intereses del mercado, que como he repetido reiteradamente, es el de producir oro. Esto sucede por ejemplo con el concepto arte, que ha sido transformado para que sirva a los intereses del mercado. Hoy en día el arte como espectáculo, el echo que impide todo valoración artístico desde el conocimiento, se conoce como el ''arte para las élites''. Tal y como yo lo entiendo, en las élites se dan los mayores beneficios (donde se pagan los mayores precios) para el mercado, donde el proceso de convertir cualquier cosa en oro finaliza ( en el caso del arte, puesto que para otros casos no es necesario pagar un alto precio por la basura ) y éstas élites no responden al valor artístico desde el conocimiento sino al valor artístico desde el precio que se fija a la obra que sea el caso. Cuando no queda nada de la sociedad que no sirva a los intereses del estado, se hablaría de ''lo espectacular integrado''.

Pero antes de fijar el precio a la obra de arte, debemos saber qué es y no es obra de arte. Esto es fácil. Arte es aquello que el mercado dice que es arte y la forma de decirlo que tiene son las Galerías de Arte.Que una caja sea una caja en todos los lugares del mundo, menos en una Galería de Arte es un fenómeno propio de la era moderna. En una Galería de Arte la caja sería una obra de arte.

El panorama que nos presenta Azúa es devastador.No hay nada que escape del mercado, de esta época nihilista que lo absorve y anula todo, haciéndo que sirva los intereses del mercado y esos intereses son (la) nada. Parece que no nos queda otra que aceptar este panorama y empezar a ahorrar si queremos disfrutar de arte a domicilio.Pero parece que Azúa le da una última vuelta de tuerca pero de soslayo, dejándolo caer quien no quiere la cosa en las distintas entradas y creo que la clave se encuentra en la entrada de Galería de Arte y Mercado.

En Mercado menciona que no todo cae en el nihilismo e irónicamente, lo único que no cae en el nihilismo es el propio arte. Más concretamente, el arte no representa el nihilismo del mercado como lo puede hacer la T.V., no lo representa porque el arte no tiene límites al representar nada. Puede representar lo que quiera, como quiera y si quiere, el arte puede no representar absolutamente nada. El arte puede salirse del mercado cuando le plazca y esto se conoce como la ''soberanía del arte''. Y en mi opinión, la clave de esta soberanía la encontramos al final de Galería de Arte. Esta soberanía se da porque al igual que el arte representa cualquier cosa, puede representar en cualquier sitio y no necesariamente en una Galería de Arte. Para que el arte aparezca solo necesitamos de un sujeto ( dando por echo que este sujeto se encuentra en el espacio y el tiempo ). En un espacio aparece la obra de arte y ese lugar determina la obra, pero no significa que el sujeto no pueda crearse su propio espacio de aparición, incluso a veces no puede evitar que la obra aparezca.

Puede aparecer en un parque, en una cocina, en la calle, en un restaurante, en una biblioteca... e incluso dentro de una Galería de Arte, puesto que el arte los envuelve a todos. Pero no creo que Azúa pretenda afirmar la existencia del ente ''Arte'', sino que la soberanía del arte sería la soberanía del sujeto para que el arte aparezca y el sujeto pueda librarse del nihilismo, o no.Tal vez, que el sujeto pueda ''elegir'' qué es el arte sea consecuencia del nihilismo, puesto que vivimos en una época nihilista y todos lo somos. El mercado también es nihilista, pero el mercado no es el nihilismo. No es el mercado lo que nos constituye. Pero el mercado y a nosotros no constituye lo mismo, la ya redundante palabra nihilismo. ¿Por qué nos estamos oponiendo a él entonces? Tal vez sea porque el mercado no es humano y esta destruyendo todo lo que se le oponga. Tal vez lo que se le oponga proviene de nosotros y por eso nos destruye, puesto que el mercado no acepta que se le oponga nada. Tal vez al final no seamos íntegramente nihilistas.

Pero esta última cuestión es una reflexión propia y no de Azúa, que es lo que nos atañe. Y nos atañe una última cuestión que sería la doble cara de Azúa, el de artista y el de teórico.

Como teórico se encuentra dentro de la sociedad al intentar definir las cosas tal y como son. Intenta darnos una visión exacta de lo que sucede en el mundo del arte, qué significan las palabras Mercado, Espectáculo, Galería de Arte...  pero mientras intenta describirnos todo eso de iniciativa, desde dentro de la sociedad, su actitud cambia y se sale de la sociedad caricaturizándola. Pone el ejemplo de que el hombre del tiempo miente: dice que hace buen tiempo solo para que las empresas hosteleras ganen dinero. Pero es mentira, con un margen de tres días suelen aceptar casi siempre. Es un mal teórico porque miente sobre lo que en un principio estaba definiendo, mas es un artista porque él de repente no aspira a decirnos la verdad. Se sale de la sociedad y la ridiculiza y miente y nos dice cómo la ve.Echa mano de la soberanía del arte al representar lo que exactamente le da la gana. Y lo que le da la gana es destruir absolutamente todo mediante la ironía, puesto que para ésto sirve.

Se le podría criticar y decirle que mentir está mal. Pero él, como artista debe mentir, porque si dice la verdad cómo teórico, seguirá estando inmerso en la sociedad y si le concedemos esa distancia, nos envuelve, nos mata. Es necesario mentir para salvarse.

Azúa, al escribir este diccionario, no esta haciendo una obra filosófica. Está intentado hacer arte. Arte en el sentido de Baudelaire, de modernidad, arte que intenta captar la fugacidad de lo actúal.Ese es el trabajo del artísta, representar lo actúal tal y como lo hace Azúa. Es la concepción de artista moderno frente al clásico que aspira a la eternidad. Nos representa y capta correctamente lo actúal, pero no lo moderno que es lo que pasará a la historia. Esto se debe a que lo moderno solo existe en el pasado. Tal vez con su obra artística configure lo moderno, pero no lo captará.

Pero tampoco pensemos que como teórico se limita a describir.Hay una reafirmación de este nihilismo, como teórico nos dice que podemos crearnos nuestros propios lugares de aparición de la obra de arte. Atreviéndome a interpretar... como artista está tirándo por el retrete la sociedad y como teórico criba las aguas sucias del mercado, intentado salvar el oro veraz: la soberanía del arte, al soberanía del sujeto.


Aitor Martínez a 15 de Noviembre de 2013.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Procrastinar una historia real

Bueno, a diferencia de mis antecesores voy a dedicar mi texto a dar mi opinión sobre la actualidad política. La ciudadanía se arrastra entre los restos de persona que dejaron ellos mismos a un lado a cambio de comodidad y seguridad. A muy alto precio vendimos nuestra libertad, y nuestros gobierno. Veo una sociedad de gente socialista, o fascista, una sociedad de gente temerosa de coger su propio futuro, una sociedad que de vez en cuando mira para gritar pero después sigue tirando los dados mientras le cagan encima. El fascismo es renunciar a la libertad completa del individuo es para mí volver a tener diez años, nos dan de comer y nos convencen con buenas canciones y películas chulas. El socialismo sin embargo requiere algo más, requiere que el individuo se sienta libre pero relegue sus responsabilidades y libertades en la confianza a terceros, pero sin embargo se cree libre pero está muy cerca del fascismo. Porque lo que ambos tienen en común es el poder, en ambos existe un poder concentrado, por eso en mi opinión tenemos que crecer políticamente y mentalmente, y elegir el autogobierno, nadie puede ser libre si relega sus responsabilidades y no hay mayor responsabilidad que la que tenemos para con el individuo. Por eso, pienso que sólo el anarquismo puede hacer crecer en el individuo la responsabilidad que tiene hacia los demás y hacia él mismo.
Volviendo con lo de antes, a que viene este pasotismo, llevamos años viendo en las noticias como nos violan día a día, y si nos VIOLAN. Planes nuevos, reformas laborales, reformas en la educación, sanidad, etc. Cosas que ya sabéis pero no se quieren mirar. Yo veo una enorme mesa donde sus comensales se están pegando un atracón de la comida que nosotros mismos hemos hecho, y debajo estamos nosotros comiendo sus sobras, de vez en cuando nos quejamos, pero mientras tengamos sobras no pasa nada. ¿De verdad vamos a tener que llegar a la miseria para hacer algo? Muchos dirán: "yo voy a manifestaciones y nunca te he visto en ellas" creo que está mas que de sobra comprobado que las manifestaciones son una manera que tiene el Estado para que el individuo desfogue, y se machaque entre ellos. Oye que somos así, cortamos calles, cerramos tiendas, ósea ¿nos quejamos del Estado jodiendo a otros ciudadanos?¿De verdad? Claro que si, y ahora ilegalizan los scraches lo que para mí era el principio de unas manifestaciones con más sentido. Porque quizás sea una idea loca pero, ¿no podríamos quejarnos a aquellos que nos joden? Pero no lo mejor es concretar con ellos una hora y un lugar para que nos jodamos los ciudadanos. Bueno con esto no intento remover conciencias sino recopilar nuestro inmovilismo político y dejar mi opinión de las causas de él.



Emilio Lupiañez a 14 de Noviembre de 2013.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sobre la Utopía

"Utopos soy, utopos me siento" escribía yo no hace mucho.
Pero, ¿es posible esto, el sentirse u-topos, sin lugar?¿y el ser utopos? El sentirse pareceme claro que si. Me siento sin lugar, sin tierra donde afianzar mis pies, sin cadenas que me aten a mi realidad. El serlo, o no, es algo más complicado. Ser utopos, ser sin lugar, es no-ser,¿pero es posible el no-ser, el vacío? Vacío somos todos, y no hablo del sentir, vacío somos todos, nuestro ser es esencialmente vacío, nada, no-ser.
Analicemos la expresión o el verbo "ser", mejor dicho, concretémoslo,¿es posible que algo sea?¿soy yo al escribir esto? Parece clara la respuesta, el sentido común, ¡oh grande y virtuoso sentido común alumbrame!, nos dicta que si, pues nos percibimos como existiendo, como siendo en el tiempo, somos gerundios, el "es" es algo continuo. Todo ser es siendo. Pero, ¿es realmente así? A esto respondería que no, ¡oh, maldito y embustero sentido común!, somos y no somos, el "es" se aplica a momentos, instantes, que no podemos atrapar, que se nos escapan. Somos felices, y al instante dejamos de serlo, quizás no en un sentido absoluto, pero si en un modo de ser feliz diferente, la felicidad es distinta, no es la misma; el momento determina la felicidad, el "ser feliz" anterior, y el momento cambia deviene (¡qué gloriosa palabra!), y con él el modo de ese "es feliz", ya no es el mismo. Varía. Somos y no somos, qué contradicción ¿no?
Debe permanecer algo ¿no? Claro, parece evidente. Siempre somos en este sentido, en el "yo soy x", siempre queda, invariable el "yo", como estructura, como recipiente de lo que realmente somos. Aquí aparece algo de vital, vitalísima importancia, ¿lo que realmente somos?¿Qué somos?¿Cuál es el contenido de ese "yo", de esa estructura, de ese recipiente? Atendiendo a lo antes comentado, ese contenido es la nada, el vacío de la existencia de los hombres (y de las mujeres, no se me enfaden). ¡Qué dilema! Nada somos ahora. Y si nada somos ahora, en el momento, nada tampoco fuimos, pues todo lo pasado devinio hasta el momento presente, y no somos nada en el futuro, el querer ser, la potencia aristotélica no es. Entonces, ¿qué nos queda? la Nada. El hombre (entendido como ser particular, singular e individual, no el hombre en abstracto, el hombre general, el concepto de hombre o ser humano) es aquel ser que vive en el no-ser del pasado, creyéndolo como presente, y que vive también en el futuro, en el querer ser, en la utopía de uno mismo. El presente escapa a su comprensión: una vez que lo define este ya no es, se le marchó junto con el demonio devenir del tiempo. El presente es ese agua del mar, esa ola que intentamos atrapar con las manos pero que se nos escapa, quedando en nosotros apenas una mísera parte, y no el todo, una parte fraccionada, que no define a ese mar, a esa agua. La vida del hombre, del individuo se define, pues, en estos términos: es una vida en el no-ser, se asienta en el pasado, en él se mira a sí mismo, se comprende (fragmentado, pues ese ser propio ya no es), y a partir de esta comprensión, se hace, se proyecta al futuro, se concibe en ese querer ser, en aquello que no es. Pero ese hacerse es un hacerse en vano. Se construye, al mismo tiempo que el tiempo destruye. Construye castillos de arena, en el aire. Esa es la utopía. Y con utopía aquí, que quede claro, no me refiero a utopías de orden social o político, carentes de interés para mí en este escrito (aunque quizás se pueda hablar de ella en los mismos términos).
Entonces,¿es posible la utopía? La utopía realizada no es utopía, es hecho, hecho deveniente, muerto antes de nuestra percepción de él. Pero la utopía como proyecto no sólo es posible, se da, sino que además la creo necesaria para el buen vivir humano, para una eubios. No somos nada, bien, vamos a hacernos, bien, pero ese hacerse no acaba nunca, no es un hacernos perfectos, acabados, sino un hacernos constantes, una reactualización continua de uno mismo. Es tomar las riendas de la vida propia. Utopos somos todos, seres procesuales, nadeantes, cualquier apelativo o término me vale. Nada hay en nosotros, excepto ese yo, ese recipiente de ser, recipiente volcado, del que todo sale con celeridad, donde todo entra y al rato se va. Y si nada hay, aparte del recipiente (que cada cual lo tendrá de diferente forma, tamaño y color), que mayor regalo que el llenarlo a gusto, decorarlo con nuestro querer, con nuestra imagen utópica de nosotros mismos. Ese es nuestro proyecto, y el mayor valor de nuestra vida: la autonomía de construir el castillo de arena en el aire más bonito para uno mismo, construcción tal que no depende de nadie, solo de uno.
Utopía es por tanto, gracias María Zambrano por mostrarmelo, aquella belleza irrenunciable, aquello que no podemos dejar de hacer.





Fabián Portillo a 13 de Noviembre de 2013.