miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sobre la Utopía

"Utopos soy, utopos me siento" escribía yo no hace mucho.
Pero, ¿es posible esto, el sentirse u-topos, sin lugar?¿y el ser utopos? El sentirse pareceme claro que si. Me siento sin lugar, sin tierra donde afianzar mis pies, sin cadenas que me aten a mi realidad. El serlo, o no, es algo más complicado. Ser utopos, ser sin lugar, es no-ser,¿pero es posible el no-ser, el vacío? Vacío somos todos, y no hablo del sentir, vacío somos todos, nuestro ser es esencialmente vacío, nada, no-ser.
Analicemos la expresión o el verbo "ser", mejor dicho, concretémoslo,¿es posible que algo sea?¿soy yo al escribir esto? Parece clara la respuesta, el sentido común, ¡oh grande y virtuoso sentido común alumbrame!, nos dicta que si, pues nos percibimos como existiendo, como siendo en el tiempo, somos gerundios, el "es" es algo continuo. Todo ser es siendo. Pero, ¿es realmente así? A esto respondería que no, ¡oh, maldito y embustero sentido común!, somos y no somos, el "es" se aplica a momentos, instantes, que no podemos atrapar, que se nos escapan. Somos felices, y al instante dejamos de serlo, quizás no en un sentido absoluto, pero si en un modo de ser feliz diferente, la felicidad es distinta, no es la misma; el momento determina la felicidad, el "ser feliz" anterior, y el momento cambia deviene (¡qué gloriosa palabra!), y con él el modo de ese "es feliz", ya no es el mismo. Varía. Somos y no somos, qué contradicción ¿no?
Debe permanecer algo ¿no? Claro, parece evidente. Siempre somos en este sentido, en el "yo soy x", siempre queda, invariable el "yo", como estructura, como recipiente de lo que realmente somos. Aquí aparece algo de vital, vitalísima importancia, ¿lo que realmente somos?¿Qué somos?¿Cuál es el contenido de ese "yo", de esa estructura, de ese recipiente? Atendiendo a lo antes comentado, ese contenido es la nada, el vacío de la existencia de los hombres (y de las mujeres, no se me enfaden). ¡Qué dilema! Nada somos ahora. Y si nada somos ahora, en el momento, nada tampoco fuimos, pues todo lo pasado devinio hasta el momento presente, y no somos nada en el futuro, el querer ser, la potencia aristotélica no es. Entonces, ¿qué nos queda? la Nada. El hombre (entendido como ser particular, singular e individual, no el hombre en abstracto, el hombre general, el concepto de hombre o ser humano) es aquel ser que vive en el no-ser del pasado, creyéndolo como presente, y que vive también en el futuro, en el querer ser, en la utopía de uno mismo. El presente escapa a su comprensión: una vez que lo define este ya no es, se le marchó junto con el demonio devenir del tiempo. El presente es ese agua del mar, esa ola que intentamos atrapar con las manos pero que se nos escapa, quedando en nosotros apenas una mísera parte, y no el todo, una parte fraccionada, que no define a ese mar, a esa agua. La vida del hombre, del individuo se define, pues, en estos términos: es una vida en el no-ser, se asienta en el pasado, en él se mira a sí mismo, se comprende (fragmentado, pues ese ser propio ya no es), y a partir de esta comprensión, se hace, se proyecta al futuro, se concibe en ese querer ser, en aquello que no es. Pero ese hacerse es un hacerse en vano. Se construye, al mismo tiempo que el tiempo destruye. Construye castillos de arena, en el aire. Esa es la utopía. Y con utopía aquí, que quede claro, no me refiero a utopías de orden social o político, carentes de interés para mí en este escrito (aunque quizás se pueda hablar de ella en los mismos términos).
Entonces,¿es posible la utopía? La utopía realizada no es utopía, es hecho, hecho deveniente, muerto antes de nuestra percepción de él. Pero la utopía como proyecto no sólo es posible, se da, sino que además la creo necesaria para el buen vivir humano, para una eubios. No somos nada, bien, vamos a hacernos, bien, pero ese hacerse no acaba nunca, no es un hacernos perfectos, acabados, sino un hacernos constantes, una reactualización continua de uno mismo. Es tomar las riendas de la vida propia. Utopos somos todos, seres procesuales, nadeantes, cualquier apelativo o término me vale. Nada hay en nosotros, excepto ese yo, ese recipiente de ser, recipiente volcado, del que todo sale con celeridad, donde todo entra y al rato se va. Y si nada hay, aparte del recipiente (que cada cual lo tendrá de diferente forma, tamaño y color), que mayor regalo que el llenarlo a gusto, decorarlo con nuestro querer, con nuestra imagen utópica de nosotros mismos. Ese es nuestro proyecto, y el mayor valor de nuestra vida: la autonomía de construir el castillo de arena en el aire más bonito para uno mismo, construcción tal que no depende de nadie, solo de uno.
Utopía es por tanto, gracias María Zambrano por mostrarmelo, aquella belleza irrenunciable, aquello que no podemos dejar de hacer.





Fabián Portillo a 13 de Noviembre de 2013.

3 comentarios:

  1. Quizas no lo haya comprendido del todo, pero hasta donde llego, debo discrepar. El ser humano es en ultima instancia un conjunto de conocimientos singulares. Lo que nos hace únicos y ser es el tratamiento de esta información. Pero por lo demás me gusta el texto.

    ResponderEliminar
  2. A qué te refieres con "un conjunto de conocimientos singulares"

    ResponderEliminar
  3. Los conocimientos propios, considero que el ser humano lo que lo caracteriza, es la manera de adquirir conocimientos, es como si todos fueramos batidoras gigantes con diferentes tamaños maneras de batir etc... No importa lo que se nos eche lo que nos diferencia es nuestra manera de adquirir y sintetizar conocimientos. Por ejemplo de una misma piedra tu y yo vamos a tener un conocimiento diferente, esa manera de conocer forma parte de nuestra identida, el concepto de piedra que me hare yo forma parte de mi identidad como persona.

    ResponderEliminar